Manila tiene un millón y medio de habitantes, pero lo que se conoce como Metro Manila o Gran Manila, son unos doce millones. Y es básicamente una gran ciudad. Resultado: un caos total y mucho tráfico. De echo nosotros nos quedamos una semana en una ciudad y otra semana en otra ciudad, cerca de los sitios donde Víctor tenía que ir a trabajar. Y realmente no hay mucho para ver, excepto centros comerciales.
Al parecer en el último libro de Dan Brown, Manila es descrita como la puerta del infierno. Y se ha armado un gran revuelo. El presidente actual, Benigno Aquino III (hijo de Corazón Aquino, presidenta a finales de los ochenta) ha prometido un gran plan para reformar la ciudad. Esperemos que no se quede en mover de sitio los barrios marginales que están por toda la ciudad, y que en cambio tenga un impacto positivo en una ciudad de grandes desigualdades. Probablemente herencia de los españoles, Filipinas está dominada por un puñado de familias ricas.
Volviendo al turismo... en la antigua Manila está el barrio colonial español llamado Intramuros. Al parecer Manila fue destrozada durante el final de la Segunda Guerra Mundial y pocos edificios históricos quedan en pie. El más antiguo de ellos, y toda Filipinas, es la iglesia de San Agustín. Curiosamente para demostrar la mezcla con la cultura china que hay en la ciudad, en algún punto agregaron está figura que se ve en la foto de abajo. También están enterrados allí muchos españoles, incluido Legazpi.
Otro de los puntos históricos de la ciudad es el cementerio americano ubicado en lo que popularmente se conoce como el Fuerte, ya que allí estaba el fuerte McKinley. Hoy no queda nada del fuerte, excepto los túneles que podrán ser visitado a partir del año que viene. La zona se llama ahora oficialmente Bonifacio Global City, un barrio tan moderno que teníamos más cosas que en Washington. Le llaman la Singapur de Filipinas.
El cementerio tiene más de 16,000 tumbas, y es el mayor en términos de americanos muertos durante la Segunda Guerra Mundial. Realmente es sobrecogedor ver no sólo las tumbas, pero los nombres grabados en el memorial, incluidos aquellos que desaparecieron.
Al parecer en el último libro de Dan Brown, Manila es descrita como la puerta del infierno. Y se ha armado un gran revuelo. El presidente actual, Benigno Aquino III (hijo de Corazón Aquino, presidenta a finales de los ochenta) ha prometido un gran plan para reformar la ciudad. Esperemos que no se quede en mover de sitio los barrios marginales que están por toda la ciudad, y que en cambio tenga un impacto positivo en una ciudad de grandes desigualdades. Probablemente herencia de los españoles, Filipinas está dominada por un puñado de familias ricas.
Volviendo al turismo... en la antigua Manila está el barrio colonial español llamado Intramuros. Al parecer Manila fue destrozada durante el final de la Segunda Guerra Mundial y pocos edificios históricos quedan en pie. El más antiguo de ellos, y toda Filipinas, es la iglesia de San Agustín. Curiosamente para demostrar la mezcla con la cultura china que hay en la ciudad, en algún punto agregaron está figura que se ve en la foto de abajo. También están enterrados allí muchos españoles, incluido Legazpi.
Otro de los puntos históricos de la ciudad es el cementerio americano ubicado en lo que popularmente se conoce como el Fuerte, ya que allí estaba el fuerte McKinley. Hoy no queda nada del fuerte, excepto los túneles que podrán ser visitado a partir del año que viene. La zona se llama ahora oficialmente Bonifacio Global City, un barrio tan moderno que teníamos más cosas que en Washington. Le llaman la Singapur de Filipinas.
El cementerio tiene más de 16,000 tumbas, y es el mayor en términos de americanos muertos durante la Segunda Guerra Mundial. Realmente es sobrecogedor ver no sólo las tumbas, pero los nombres grabados en el memorial, incluidos aquellos que desaparecieron.
Aquí podéis ver un poco la diferencia entre los barrios...
De Manila, sin duda alguna, nos quedamos con la hospitalidad de la gente. La alegría, el sentido del humor y la amabilidad de los filipinos son realmente inigualables.










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